Feliz vida, Cam
Carta VIII: Gracias por volver a nosotras.
«What I thought would be the last time I saw my friend. But love has ways of bringing things back to life. All you said was, “Hi” and I remembered I loved you. Came back when it mattered, I saw you»
—“I Knew It, Iknew You”, Taylor Swift
Querida Camila,
Llegaste a mi vida en julio del 2020 como un cálido abrazo en invierno, así te conocí.
Desde el primer momento en que me entregaste la llave para entrar a tu mundo, intenté memorizar cada detalle. En aquel entonces nos apasionaba la misma banda musical y podíamos pasar horas hablando de ello, aunque el fanatismo en vos disminuyó un poco, yo seguí recordándote cada vez que veía algo sobre ellos.
Vos siempre tenías algo interesante para decir y yo amaba recibir tu mensaje con tu último escrito acompañado de un “¿Qué te parece?” cómo si no supieras que mi respuesta siempre sería “Me encanta” y sé que sabes que siempre fue sincero, pero no está de más recordarte lo mucho que me fascina leerte.
La vida tiene formas de dejar esos días atrás. No recuerdo exactamente cuándo fue que pasamos de hablar todos los días a solo felicitarnos en nuestros cumpleaños, en Navidad, en Año Nuevo. De alguna manera siempre estabas ahí, aunque temía que un día tu mensaje de felicitación no llegara y que el silencio se apoderara de nosotras para siempre.
Incontables veces quise escribirte, pero nunca tenía el suficiente valor para hacerlo. No sabía cómo llegar a tocar tu puerta... olvidé que nunca me quitaste la llave, olvidé que te conocía.
Pensé que nunca más volvería a escuchar tu voz. Me dolía saber que empezaba a olvidar el sonido de tu risa, pero el amor tiene formas de devolverle la vida a las cosas.
Todo lo que dijiste fue: “Hola”.
Y recordé que te amaba.
Pude notar cómo el nudo que me angustiaba durante todo el tiempo que estuve sin vos se desenredó solo con ese saludo. Tu presencia se sintió tan familiar que por momentos olvidaba que era la primera vez que hablábamos después de un gran tiempo.
A pesar de esa seguridad sabía también que había nuevas cosas en vos que no conocía, que tu vida ahora no era la misma que hace tres o cuatro años atrás, que tenías nuevos gustos, nuevos amigos, nuevas experiencias y que a pesar de lo familiar que se sentía nuestro encuentro estaba conociendo a mi amiga otra vez y eso estaba bien, se sentía bien.
Me terminé de aferrar a la idea de que hay personas que nunca dejaremos de querer conocer a pesar de la distancia y que, a pesar de que la vida pueda llevarnos por diferentes caminos, el amor siempre encuentra la forma de volver a cruzarnos.
—Pris ♡
Mi Camila,
Si pienso en ti, lo primero que se me viene a la cabeza es un campo lleno de margaritas. No preguntes por qué. Me gusta imaginarte así: acostada sobre las flores, respirando el suave aroma a pasto y a tierra mojada, con un vestido blanco, símbolo de la pureza que irradia tu alma.
Te veo sonriendo, aunque de vez en cuando sueltas una que otra lágrima. No te escondes para hacerlo. Y estás feliz. Después de todo, después de tanto, estás feliz.
La felicidad te golpea en el rostro, se abre de par en par en tu pecho, te llena la espalda de alas y se hace una casa en tus hoyuelos. Tus ojos se convierten en dos luceros contra los que, ni el mismo Sol, podría competir.
Te veo a pecho abierto, dispuesta a amar tanto, de esa manera tan única y espontánea, como solo tú sabes hacerlo, como solo a ti podría nacerte desde el fondo de tu corazón.
Te veo a lo lejos y solo quiero quedarme ahí, a tu lado, tumbarme sobre las flores. Que me contagies la vida de esa inagotable esperanza que te llena por dentro.
Quisiera quedarme ahí, en el instante justo en el que tus ojos se encuentran, eternamente, con los míos. Ambas sabemos que las palabras sobrarían si llega a acontecer tan grande suceso.
¿Has pensado en cómo sería vernos por primera vez?
Yo siento que mis piernas estarían congeladas, y que apenas podría mantenerme en pie. Siento que en el momento justo en el que nos abracemos envueltas en llanto, podremos ser plenamente conscientes de que existimos.
De que no somos fruto de una imaginación que en plena adolescencia y pandemia quería tener amigos. Quería tener contacto, sentir a las personas cerca.
Pienso en cómo tus brazos me rodearán, y que yo estaré en el lugar exacto para aspirar tu pelo. Que podré esconderme en tu pecho, un lugar que he anhelado en aquellas noches en las que el insomnio no me da tregua, en las que mi cabeza está en guerra con mi cuerpo.
Pienso que en cuanto nos miremos, todos estos años de amistad se harán de un peso duradero, real, en nuestra espalda. Que podremos llevarlo con orgullo a cualquier lugar que pisemos. ¿Te lo imaginas tanto como yo? Bien sabes que ese ha sido y sigue siendo uno de mis mayores sueños.
Me alegra saber que te tengo. Y aunque me dirías que siempre lo he hecho, hoy quiero admitirte que no lo creo. Te tenía, sí, pero a lo lejos. Dándote likes en historias o en estados de Whatsapp, pero no sabía nada de tu vida. Me alegraba tanto por cada logro, y también me entristecía pensar en que la estarías pasando mal y que yo no estaba ahí para hacértelo más llevadero.
Crecimos, lejanas la una de la otra pero siempre presentes. Presentes en los cumpleaños, en las festividades, en los años nuevos, presentes incluso en pensamientos. Crecimos, cambiamos, y aún así, pudimos volver a donde hoy estamos. Siendo otras, prácticamente, pero con el mismo cariño uniéndonos.
Sé que no tengo que buscarte todos los días. Ambas tenemos vidas ocupadas, problemas con los que lidiar y situaciones que requieren de nuestra atención. Pero qué bonito se siente volver al chat grupal a escribir lo que sea que estemos sintiendo, no importa qué tan serio o estúpido sea el tema de conversación. Qué bonito se siente escuchar tu voz en los audios, ver tus fotos, que nos cuentes tu día.
Siempre he sabido que tu amistad es un tesoro que debo cuidar, pero no supe medir en qué momento nuestros caminos se perdieron. Hoy sé que podemos volver a la otra cuando haga falta, cuando la vida nos pese o cuando las buenas noticias sean tan grandes que no nos quepan en nuestras manos, así que tenemos que dejar que la otra las sostenga.
Y quiero conocerte. Profundamente. Quiero saber tus miedos, tus angustias, tus malestares. Quiero conocer dónde está tu lunar favorito, por qué siempre vuelves al cabello rojo, cuál es tu estación del año preferida y el tipo de café que tomas.
Quiero que podamos seguir compartiendo nuestros poemas, que siempre recibamos con los brazos abiertos nuestras letras.
Quiero conocer tus manías, lo que te gusta y lo que detestas.
Quiero saber todo lo que te avergüenza. Lo que te duele, lo que te quema, pero también lo que te sana de pies a cabeza.
Quiero estar ahí en cada paso que des, que puedas mirar hacia atrás y sentirte orgullosa de la mujer que eres, del camino que has recorrido y del hecho de que nunca te has rendido, por más que el destino te haya jugado en contra varias veces.
Quiero que algún día sepas que eres merecedora del mundo entero. Quiero que te mires en el espejo y te lo creas.
Y yo solo quiero estar a tu lado para verlo.
—Len ♡
Feliz cumpleaños, supernova. esperamos que tu futuro esté lleno de amor, de personas bonitas y momentos inolvidables, porque no mereces otra cosa.
Te amaremos siempre, gracias por volver a nosotras.
¡Y a celebrar, que veinte años no se cumplen todos los días!





