Ya no sé quién eres
Carta IX: ¿Quién dijo que un viernes cualquiera el corazón no se te puede hacer pedazos?
«Can't be the end. It doesn't make sense. God, I feel insane 'cause you look at me like a stranger, but you know me».
— Broke My Heart, Gracie Abrams.
A veces la realidad nos golpea de la manera más cruda. Pensé que estaba manejando esta ruptura bastante bien, hasta que la noticia me cayó como un balde de agua fría.
Te fuiste.
Para siempre.
Y ya no hay vuelta atrás.
El vacío en mi pecho se llena de culpa. En mí habita la certeza de que ya no existe un futuro en el que podamos quedarnos a vivir.
¿Qué te costaba venir a abrazarme antes de montar tu vida en ese avión? Debería resentirte, gritarte, odiarte, pero no me quedan fuerzas ni para llorar. Debería salir definitivamente de tu vida, ¿no es eso lo que querías? Alejarte todo lo posible de lo que fuimos.
Siempre pensé que cuando dejaste la puerta abierta era para que yo me fuera. No para que por ella pudieras salir tú, dando el golpe final, el portazo que derrumbó las esperanzas de un entendimiento entre los dos.
¿A qué rincón de tu mente me lanzaste para deshacerte de mi recuerdo? ¿Cómo te resultó tan fácil dejarme atrás como si nunca hubiera significado nada? ¿Quién te crees que eres para abandonarme?
¿Por qué precisamente tú, que sabes el lugar exacto y la gravedad de cada herida? ¿Cómo osas decir que no me entiendes, si con una mirada éramos capaces de descifrarnos los pensamientos?
Supongo que mi ausencia en tu vida no hizo ninguna diferencia. Quizás te diste cuenta de que yo siempre te querría más de lo que me dejaste demostrarte. Quizás sabías que tenía la razón y la vergüenza no te dejó admitirlo.
Pero no puedo evitar que me atormenten los recuerdos que nunca llegaron a serlo, porque no pasaron. Me carcome los huesos la nostalgia de todo lo que no llegamos a vivir: de las risas que ya nunca nos dedicaremos, de las pijamadas que nunca haremos, de todas las canciones que nos faltó por escuchar, de los lugares que juramos algún día visitar.
No hubo tiempo, no hubo ganas.
No hubo paciencia.
No hubo sitio entre los dos para recuperar la confianza y nunca volver a dejarla escapar.
Ahora harás tu vida lejos de mí y yo tendré que fingir que la mía no se alteró cuando te fuiste. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no regresaste a mí? ¿Por qué decidiste rendirte cuando estabas a punto de dar un paso tan grande? ¿No te cuesta imaginar tu futuro sin que yo esté a tu lado, tanto como a mí?
Definitivamente no tengo buen ojo a la hora de elegir personas. Al final todos se van. Incluido tú, que prometiste que siempre estarías. Incluso tú, que estuviste cuando nadie más estaba.
Y lo peor es que no puedo borrar las fotos. Es todo lo que me queda de ti. No puedo arrancarte de los recuerdos que tenemos porque son todos los buenos que atesoro. En la mayoría de las fotos grupales me sonríe tu rostro; o bueno, al menos el de mi mejor amigo, el chico que yo juraba conocer y por el que fácilmente me habría arrojado al fuego.
Me hubiera gustado tanto despedirme.
Me hubiera gustado tener una última conversación que le pusiera punto y final a nuestra amistad, pero ni eso me permitiste tener.
No sé cómo pude pensar que recapacitarías. Que cambiarías de parecer, que te retractarías de esas palabras que me rompieron por dentro.
No sé cómo pude esperar, como una idiota, un mensaje que nunca llegó; un mensaje que estoy segura nunca pensaste siquiera en enviar. Conociéndote, con tal de excusar absolutamente todas tus acciones, me dirías que fue de un día para otro, que no lo premeditaste, y lo peor es que una parte de mí sería capaz de creerte, porque todavía existe una yo que confía en ti.
Estoy cansada de defenderte ante mí misma. De justificarte. Estoy cansada de buscar la empatía que no me brindaste hasta debajo de las piedras, debajo de mis rodillas: esas que até al suelo con tal de que me dieras una mísera explicación.
Siempre me sentí como tu mejor amiga, pero ahora entiendo que tal vez ese nombre nos quedaba demasiado grande.
Y tenía miedo. Tenía miedo porque ya no te reconozco. Ya no sé quién eres. Tenía miedo de volver a mirar tus ojos y no encontrarte. Pero también temía que esto por lo que tanto he luchado no se arregle. De que seas uno más, alguien más que no es capaz de quedarse.
¿Y adivina qué? Mis miedos ya no solo eran simples pesadillas: se hicieron realidad, se han hecho carne.
Nunca vi un cambio.
Nunca vi un intento.
Nunca vi tu amor; se nos perdió, no lo encuentro.
Por una parte, sé que si me quisieras, me hubieras buscado no solo antes de irte, sino mucho antes. Sé que si me quisieras en tu vida lo habrías intentado, pero preferiste la opción más fácil: rendirte.
Sé que no mereces mis palabras, ni mi tiempo, ni mis lágrimas. Sé que ni siquiera mereces que te esté pensando con tanta incertidumbre llenándome de pies a cabeza.
Pero, por otro lado, no puedo evitar pensar que quizás te alejaste porque creíste que era lo mejor para mí. Que no me buscaste porque piensas que ya no me importas. Pero pensar así es alimentarme de dudas que solo me hacen cuestionarme si realmente llegaste a conocerme.
Porque si me conocieras, sabrías que siempre vas a importarme, independientemente de lo que haya pasado entre nosotros.
Realmente creí que el miedo a perderme te haría abrir los ojos.
Me siento estúpida.
Pasó otra vez.
Y no lo pude evitar.
Siempre desde el amor,
Maylen



Me ha dolido hasta a mí sin haber experimentado una ruptura. Aunque sí varios desamores y he sentido el dolor de ver como una persona a la que he querido se iba distanciando de mí sin dejar respuestas. No darle un verdadero cierre a las historias, nos deja con ellas en suspensión infinitamente. A veces solo necesitamos esa despedida, ese mensaje de que sí nos echará de menos, ese abrazo o mirada de pena que nos hace sentir cómplices de que la relación sí importó para esa persona especial... Pero muchas veces la gente se aleja sin explicaciones o de manera tan orgullosa que no muestra realmente lo que ha sentido o dejado de sentir. Es extraño que tengamos tanto apego.
wow! si esta historia es real, es como si la hubiera escrito desde lo más dentro de mi ser, pero no hubiera jamás podido expresarlo. Gracias por compartir.